El año del caballo
Edición 07 | Aprender a galopar sin perder el rumbo y convertir la velocidad en una decisión de liderazgo 🐎
Hoy te cuento algo. ¿Te ha pasado que sientes que dentro de ti ya está claro el siguiente paso, aunque tu mente todavía no? 🤔
A mí me pasa que, de pronto, aparecen proyectos, ideas, ganas de moverse… y también ese ruido interno que te empuja a acelerar antes de tiempo. Como si todo tuviera que resolverse ya. Y ahí va otra pregunta. ¿Qué parte de ti quiere correr… y qué parte de ti está pidiendo un segundo de calma para elegir bien? 🔥
Hoy, 17 de febrero, comienza el Año del Caballo según el calendario lunar chino. Leí lo que simboliza -impulso, avance, carácter, movimiento- y se me vinieron a la cabeza dos fotos que guardo como separadores de libro, porque cada vez que vuelvo a ellas me devuelven a la misma lección, con veinte años de diferencia en la forma de mirarla.
Una es en Argentina, en La Aguada, en la casa de Eduardo Novillo Astrada. Estuve ahí por una invitación de Jaeger-LeCoultre, marca de la que él era embajador, y desde que cruzas la entrada sientes que llegaste a un territorio con su propia música. Campo abierto, disciplina y belleza. El sonido de los pasos sobre la tierra, el brillo del cuero y la luz cayendo lenta sobre la tarde. Todo se mueve como si el tiempo tuviera otro ritmo… y el cuerpo lo entendiera antes que la cabeza 🫀🧠.
La otra foto es de Montana, en agosto del año pasado. Un viaje en familia, lejos de todo. Cielo enorme, aire con olor a pino y un silencio de esos que son tan necesarios y te ordenan por dentro. Ese día estaba “herding the cows,”arreando ganado, y fue una de esas experiencias que se te quedan en el cuerpo y en el alma. Porque aprendes a mirar distinto.
Recuerdo un instante mágico con mi caballo Mary Jane en un rincón del Oeste 🤠
En un momento, el caballo quiso bajar a tomar agua y el camino se hizo más angosto. Sentí vértigo. Sentí cómo el cuerpo quería tensarse. Y el caballo esperó, como si lo entendiera todo sin hablar. Y en ese segundo sentí algo que todavía me emociona al recordarlo. Como si el caballo supiera, con una certeza tranquila, que yo iba a poder atravesar mis propios miedos, incluso en una escena de película 🏔️.
Se quedó ahí, firme, paciente, conectado, como si me dijera sin palabras “puedes”. Y yo, que tantas veces he buscado más veces el blanco y el negro que el gris, tuve que aceptar algo muy sencillo. Que yo también era capaz. Que podía con ese momento. Fue una conexión entre el animal y yo, de esas que te dejan una huella para siempre.
Y al día siguiente, como si el lugar quisiera subrayar el mensaje, en mi caminata de la mañana, antes del amanecer, me encontré con otra escena. Caballos que habían pasado la noche en el campo se movían con una libertad inmensa, volviendo al lugar donde pasan el día. El sonido de los cascos sobre la tierra, el vapor saliendo del cuerpo, la luz apenas encendiendo el paisaje. Fue precioso. Y me recordó algo que a veces se nos olvida, la belleza de este mundo y la belleza de ese liderazgo interno que aparece cuando el cuerpo se alinea con lo que merece la pena 😳.
Ahí entendí por qué me siento tan identificada con el símbolo del caballo. El caballo avanza con impulso. El caballo entiende el terreno. El caballo siente tu verdad antes que tus palabras. Y tú, si quieres galopar, eliges una dirección incluso cuando el pulso se acelera.
De esas dos fotos me traje tres lecciones ✨
La dirección se siente. En un caballo eso es inmediato. En un equipo también. La gente percibe tu claridad y tu duda, y esa claridad organiza el ritmo de todos.
El tiempo cambia tu relación con la velocidad. Veinte años transforman la manera de mirar el riesgo, de elegir el paso y de decidir. Liderar también es decidir desde quien eres hoy.
Se galopa con respeto. Lees el terreno, escuchas al cuerpo, ajustas el paso y mantienes la dirección. Eso también es liderar.
Lo que me llevo es algo muy sencillo 🌄
El impulso existe. El movimiento también. Y el liderazgo empieza en el instante en que eliges hacia dónde quieres ir y cómo quieres recorrer ese camino.
Si quieres aterrizarlo a tu semana, prueba un ejercicio escribiendo tres líneas:
Hacia dónde quieres galopar este mes.
Qué decisión lo demuestra esta semana.
Qué cosa sueltas para moverte más ligero.
Y luego avanzas con la tranquilidad de saber que no necesitas tenerlo todo resuelto para poner rumbo a tus sueños.
Que este año sea el año en el que galopas por elección, con dirección y con la calma de quien sabe que la velocidad no define el destino. Porque liderar es sentir el rumbo, ajustar el paso y avanzar con la certeza de que tú y tu caballo interior van hacia el mismo lugar.
Que el Año del Caballo te encuentre más conectada contigo que con la prisa.
Con cariño 🐴 ,






